MANUEL IZQUIERDO

BOXER LAS ARILLAS

Este apartado queremos dedicarlo a Don Manuel Izquierdo, quien dedicó más de 30 años al bóxer, toda una vida, y que lo vivió con toda intensidad y pasión hasta el final.

 

De él se han dicho ya muchas cosas, fue el más grande sin duda e inigualable.

 

Pilar de la raza en España.

 

Pero ademas de deberle todo su trabajo, y todo lo que conocemos hoy en dia como Boxer en España, Don Manuel ha sido una persona carismática, con un caracter fuerte, siempre tuvo las palabras idóneas para cada uno de nosotros, siempre estuvo para escucharnos, apoyarnos, acondejarnos, apoyarnos.....

 

Por todo, GRACIAS DON MANUEL

Sin lugar a dudas, la persona mas importante en mi vida, de tí aprendi todo lo que sé , mi maestro, todo lo que soy es gracias a ti, siempre te llevaré en mi corazón.

Aquella mañana recorría otra vez el jardín, como cada día, eléctrico, radiante, inconsciente de su soberbia belleza.

El mismo jardin de Aravaca que rrecorieron antes queél muchos de los mejores boxers de la historia. Se lo habían contado al llegar, y le hicieron comprender el privilegio que suponía para el poder compartir aquel hogar.

Sin embargo, hoy no se encontraba a gusto. No sabia explicarlo, pero albergaba en su interior una estraña sensación de vacío y desesperación. Asomó una vez más el hocico entre la verja por la que lo veía llegar cada día, pero volvió a contemplar el silencio de una calle vacía, de luto. Se encontraba solo, triste, inexplicablemente desorientado. y de pronto, alzó la vista.

Al principio le pareció tan solo ver nubes de formas caprichosas, mecidas por el viento de aquella fría mañana de noviembre, Pero luego las figuras se fueron dibujando ante sus ojos y lo vio claro: allí estaban todos....  Fedor, Xanthos, Bello, Vic, Boreas, Teck, David, Nick, Saverio y todos los demás, alborozados, corriendo, saltando, jugando exultantes de alegría y felicidad.

Permaneció inmovil, abrumado por la belleza de aquella visión. Y cuando empezaba a preguntarse los motivos, desde su alma desgarradad, lo vislumbró.

Era él estaba allí, acariciándolos, jugando con ellos, feliz también por el reencuentro.

Manuel Izquierdo Alonso, Manolo para los amigos, otra vez entre sus queridos boxers, los boxers a los que dedicó su vida.

 

Supo entonces que estarían bien, y el dolor de su desasosiego se desvaneció para dejar paso a la serenidad.

Volvió a recorrer otra vez el jardín, eléctrico, radiante, insconsciente de su soberbia belleza. Y mientras trotaba, juró hacer lo posible por vivir el resto de sus días con la grandeza de sus antepasados, la grandeza que lo haría merecedor de reencortrarse, algún día y en algún lugar, otra vez con él.

Manuel Izquierdo Alonso, grande entre los grandes del boxer, descanse en paz.

 

 

Alex Palacin